lunes, 23 de junio de 2008

El otro dia llego el invierno



El otro dia llego el invierno
Y sentí miedo
Tuve que decirle adiós a los atardeceres rojos,
Adiós árboles teñidos con el color del atardecer (como los atardeceres del principito)
adios arreboles con lineas llenas de azur
Bienvenidas las lluvias, fríos de nuestros hollados desiertos
Atardeceres grises cubrirán las ventanas, como una luna sin luz ,desangrada
Bienvenidas nubes, que impedirán sentir este cancerigeno sol
En este cielo nocturno de junio, mes del solsticio, dominara la cruz del sur
Mostrando el camino a los descarriados, los perdidos del otoño
Tal cual, fueran errantes, escapando del invierno

La lluvia es bienvenida, para los optimistas son tan solo un molestia
para otros son esperanzas en pequeños frascos de cristal
En este árido mundo caen como si fueran oasis para el sediento,
eriales, profundos claros de humedad brillantes, para el exhausto
Bienvenidas aguas torrenciales , que vendrán a barrer todos esos sueños ,
bienvenidas aguas torrenciales que trasmutaran tu alma como una piedra

Moribundos del otoño, ahora conocerán el invierno

Las lluvias se encargaran de lavar sus rostros cansados
Debajo de la lluvia no somos más que el sonido del agua bajo nuestros pies
Nada dice el agua del hombre, que no este claro en las nubes
Nada dice el hombre, bajo el peso del cielo
Nada dicen las nubes, que no lo digan los rostros cansados de nuestros sueños
Solo la lluvia nos traerá de vuelta, la natura, cubierta de cemento,
dejara de callar esta vez
el hombre, que como la lluvia lo llena con su transparencia fugas
Solo como escuche por alguna parte, sera el general invierno el que nos mostrara que de verdad solo somos ecos de lo que algún día pensamos ser
Ecos de lo que algún día debimos elegir
Ecos de un tiempo lejano, pero a la ves hermoso y terrible
Del que solo el invierno se encargara de roer
y recordar

Pero existe la lluvia,
Solo la lluvia, limpiara nuestra labor bulliciosa
Preparara la tierra para nuevas germinaciones
Estas serán las cosechas de los áridos suelos
Y cuando florezcan estas acimas flores, crecerán fuera de estas furiosas y ruidosas ciudades
crecerán en las praderas de nuestras esperanzas
solo la lluvia nos recordara el verdadero rostro
de todos los apremios, de esta existencia fugas pero transparente

como esos niños, que nunca debimos olvidar,
que nuca debimos callar
que olvidamos
en algún charco, jugando en un lugar en el que llovió


martes, 17 de junio de 2008

a la mar(no el mar) 19-03-08







Madre tu que me diste luz
Eres la mar infinita e irresistible
Azul como el cielo, sagrada es tu sal, Aun te tengo en mi nariz.
Como Cuando la brisa marina corre
Y El viento sopla y la espuma blanca vuela
Helo allí
Furioso y tempestuoso



Como dicha es ese instante
Donde termina la mar y empieza el cielo
Donde termina mi vida y comienza mi muerte
Paz que es como ecos de tu mar
Entreguémonos a ti – -no escuchas la llamada, nos dijeron -
Dejemos en la arena nuestras huellas,
Aunque las borres
Caminemos en tu playa.



Un día volveré ati
Cuando este cansado y viejo
Me naufragare en tus olas
llenas de hombros, de brazos
te recorreré por ancho y largo
conoceré tus rincones y ciudades, burbujeantes
me haré parte de ti
me confortare con tus otros hijos,
con desapego esperare la dicha
de devolver mi gota a ese gran mar
y desaparecer

lunes, 16 de junio de 2008

Monólogo del viejo con la muerte -----Enrique lihn------



Monólogo del viejo con la muerte


Y bien, eso era todo.
Aquí tiene la vida,
mírese en ella como en un espejo,
empáñela con su último suspiro.
Éste es Ud. de niño, entre otros niños de su edad;
¿se reconocería a simple vista?
le han pegado en la cara, llora a lágrima viva,
le han pegado en la cara.
Allí está varios años después, con su abuelo
frente al primer cadáver de su vida.

Llora al viejo. parece que lo llora
pero es más bien el miedo a lo desconocido.
El vuelo de una mosca lo distrae.

Y aquí vienen sus vicios, las pequeñas alegrías de un cuerpo reducido a su mínima expresión,
quince años de carne miserable;
y las virtudes, ciertamente, que luchan
con gestos más vacíos que ellas mismas.
Un gran amor. la perla de su barrio
le roba el corazón alegremente
para jugar con él a la pelota.
El seminario, entonces,
le han pegado en la cara, Ud. pone la otra;
pero Dios dura poco, los tiempos han cambiado
y helo aquí cometiendo una herejía.
Véase en ese trance, eso era todo:
asesinar a un muerto que le grita: no existo.
Existen Marx y el diablo.

Recuerde, ese es Ud. a los treinta años;
no ha podido casarse
con su mujer, con la mujer de otro.
Vive en un subterráneo, en una cripta
de lo que se le ofrece, sin oficio,
esqueléticamente, como un santo.
Del otro mundo viene ciertas noches
a visitarlo el padre de su padre:
-Vuelve sobre tus pasos, hijo mío, renuncia
al paraíso rojo que te chupa la sangre.
Total. si el mundo cambia a cañonazos.
antes que nada morirán los muertos.
Piensa en ti mismo, instala tu pequeño negocio.
Todo empieza por casa.


Mírese bien, es Ud. ese hombre
que remienda su única camisa
llorando secamente en la penumbra.
Viene de la estación, se ha ido alguien,
pero no era el amor, sólo una enferma
de cierta edad, sin hijos, decidida a olvidarlo
en el momento mismo de ponerse en marcha.
Ud. se pone en su lugar. No sufre.


¿Eso era el amor? Y bien, sí, era eso.
Tranquilo. Una mujer de cierta edad. Tranquilo
Mírela bien. ¿Quién era? Ya no la reconoce,
es ella, la que odia sus calcetines rotos,
la que le exige y le rechaza un hijo,
la que fInge dormir cuando Ud. Ilega a casa,
la que le espanta el sueño para pedirle cuentas,
la que se ríe de sus libros viejos,
la que le sirve un plato vacío, con sarcasmo,
la que amenaza con entrar de monja,
la que se eclipsa al fin entre la muchedumbre.


Y bien, eso era todo. Véase Ud. de viejo
entre otros viejos de su edad, sentado
profundamente en una plaza pública.
Agita Ud. los pies, le tiembla un ojo,
lo evitan las palomas que comen a sus pies
el pan que Ud. les da para atraérselas.
Nadie lo reconoce, ni Ud. mismo
se reconoce cuando ve su sombra.
Lo hace llorar la música que nada le recuerda.
Vive de sus olvidos
en el abismo de una vieja casa.
¿Por qué pues no morir tranquilamente?
¿A qué viene todo esto?
Basta, cierre los ojos;
no se agite, tranquilo, basta, basta.
Basta, basta, tranquilo, aquí tiene la muerte.




Enrique lihn

(Santiago de Chile, 1929 - Santiago de Chile, 1988)


lunes, 2 de junio de 2008

¡Oh Capitán, mi capitán! por WALT WITHMAN





¡Oh Capitán, mi capitán!




¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, nuestro espantoso viaje ha terminado,


la nave ha salvado todos los escollos,


hemos ganado el premio que anhelábamos,


el puerto está cerca, oigo las campanas,


el pueblo entero regocijado,mientras sus ojos siguen firme la quilla,


la audaz y soberbia nave.Mas, ¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!¡


oh rojas gotas que caen,allí donde mi capitán yace, frío y muerto!




¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,


levántate, por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,


para ti ramilletes y guirnaldas con cintas,


para ti multitudes en las playas,


por ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos


:¡Ven, capitán! ¡Querido padre!¡Que mi brazo pase por debajo de tu cabeza!


Debe ser un sueño que yazcas sobre el puente,derribado, frío y muerto.




Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,


mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,


la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,


de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.


¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!


Mas yo, con tristes pasos,


recorro el puente donde mi capitán yace,


frío y muerto




Como no recordadar la sociedad de los poetas muertos y el señor keating o más cariñosamente Oh Capitán, mi Capitán"


El viaje, el barco, la muerte,


algun dia iniciaremos ese viaje




de walt withan para lincoln